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CLAVE PARA UNA NAVIDAD FELIZ?

Perdonar: la clave para unas Navidades felices

¿Cómo vivir una feliz Navidad si en la familia hay caras largas? Cuando hay grandes reencuentros familiares, los comentarios fuera de lugar son a menudo inevitables y pueden arruinar la fiesta. Para la psicóloga Maryse Vaillant, “perdonar puede ser la clave para pasar unas felices fiestas”.

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La fiesta de Navidad es todo un clásico con los preparativos del árbol, las prisas por comprar los regalos, una cena especial y el anuncio de un momento de reencuentros familiares. Uno se imagina la Navidad feliz, cordial, llena de amor y festiva. Pero a veces, viejas disputas y rencores reaparecen. Siempre hay una suegra que se queja, una cuñada estresada, un abuelo mandón, etc.  Querer controlar todo o evitar estas situaciones no es necesariamente la solución ideal. Perdonar podría ser el mejor regalo que uno puede hacer para pasar las fiestas en paz.

¿Por qué puede ser tan difícil celebrar la Navidad?

La Navidad es una fiesta familiar, religiosa, espiritual. Pero sobre todo, “es un encuentro transgeneracional” afirma Maryse Vaillant, es decir, que están presentes los abuelos, también los niños que esperan regalos y a veces otros miembros de la familia. “Es una fiesta de la paternidad. Somos a la vez los hijos de nuestros padres y los padres de nuestros hijos”, agrega la psicóloga. Por otro lado, en nuestro imaginario y en nuestras representaciones, incluimos también la figura de Papá Noel y el Niño Jesús. Entonces, evidentemente, no es sorprendente que todo lo que no está del todo resuelto pueda resurgir.

¿De qué se trata el perdón?

El perdón es un camino personal que toma tiempo. Se efectúa en dos etapas. Primero se produce un movimiento de separación, donde es necesario desligarse del resentimiento”, explica la psicóloga Maryse Vaillant. En efecto, no es posible perdonar si no se ha dejado de lado esta necesidad esencialmente narcisista de tener razón. Entonces podemos decir que perdonar es ceder. “Y al mismo tiempo, se trata de alcanzar la paz del corazón, de querer buscar la gratitud”, agrega la psicóloga. Los dos movimientos son importantes.
No basta con hacer solo el duelo de lo que uno hubiera querido y no tiene (una madre más cariñosa o positiva, un padre menos autoritario o más presente). Se trata también de tomar conciencia de cómo la propia historia y sus complicaciones forman parte de nosotros y aceptarlo con calma. Se trata realmente de un proceso de maduración personal.

En realidad, la Navidad debería ser el momento ideal para perdonar, “hacer borrón y cuenta nueva” de los pequeños y grandes malentendidos acumulados para volver a empezar de cero. Sin embargo, el cariz que ha tomado esta fiesta hoy en día no nos facilita las cosas. “Vivimos en una sociedad de consumo donde los regalos y las cenas ocupan el centro de los acontecimientos. Hay mucha presión, muchas cosas que se ponen en juego en torno a unas veladas perfectas”, deplora la psicóloga. Ahora bien, la idea de poner las cosas en perspectiva y de hacer las paces va en contra de esta tendencia. Es ante todo un movimiento íntimo que debe prepararse: es un momento de retiro y de silencio. Pensar que uno podrá perdonar todo puede parecer poco realista si no se ha hecho previamente un trabajo interior. Por el contrario, lo que sí es posible es decidir que será el día perfecto para dar el primer paso en esta dirección, y así los demás seguirán más fácilmente con el paso del tiempo.

Perdonar paso a paso

El día de Navidad es el día ideal para empezar. Basta con seguir las leyes ancestrales de la hospitalidad. Si estás invitado, puedes comenzar por la sincera intención de bajar las armas: “Hay que decidir no buscar problemas sino más bien entrar en un movimiento pacificador” sugiere la psicóloga. Si la fiesta es en tu casa, debes recibir a tus invitados así como aceptar la posibilidad de que haya problemas. Lo mejor es preparar la empatía de la misma forma que preparas la mesa. Deberás limar asperezas y demostrar compasión en caso de problemas. Es posible abrir su corazón incluso si no eres un asiduo discípulo del Dalai Lama.

 

Prepararse por adelantado

  • El tiempo de la reflexión
    La primera etapa consiste en preguntarse qué es lo que se le reprocha a los padres, a la suegra, a la cuñada… Hacer la lista de todos los reproches, los grandes y los pequeños, será la oportunidad de hacerse cargo de viejos resentimientos. Para ser capaz de cortar los “lazos de odio”, primero hay que reconocerlos y luego tomar conciencia de los combates que uno desea enterrar.
  • El tiempo de la reparación
    Perdonar procura un verdadero descanso, es un momento al cual se accede a través de un tiempo de comprensión y de compasión. Se trata de ubicarse en el lugar adecuado: la mayor parte del tiempo nuestros seres cercanos hacen lo mejor que pueden.
    Y sobre todo, lo más importante es que han sido “marcados” por sus historias y es evidente que algunas heridas requieren un tratamiento psicoterapéutico, para poder superarse.
  • El día D, reducir las expectativas
    Lo más difícil, cuando se toma el camino del perdón y especialmente en las fechas más señaladas, es reducir las expectativas. “Tú te sientes preparado pero los otros no lo están necesariamente” explica Vaillant. Por eso los ataques de una cuñada no siempre bienintencionada, o los comentarios desubicados de una madre poco diplomática, pueden ir contra tu búsqueda de armonía. Debes manejar los “desbordes” de otra forma. Esto requiere hacer el duelo de un ideal y limar asperezas si fuera necesario. “Piensa que es un largo camino y que el primer paso es muy importante.”

Y dejar que la magia de la Navidad haga su trabajo. ¡Felices Fiestas!

C. Maillard

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